La mente es prisionera de las palabras, si hay un ritmo que le pertenece es el ritmo desordenado de los pensamientos; el corazón, en cambio, respiram es el único que late entre todos los órganos, y es ese latir lo que te permite entrat en sintonía con otros latidos más vastos.
Un día vendrás al prago de mi puerta a mendigar un amor que tu nunca me diste.
